Flaviano

23.04.2014 23:38

Ayer, a eso de las 12 de la mañana, me sonó el móvil. Mire la pantalla, era una llamada conocida. Contesté, pero solo logré oír unos ruidos, después de unos segundos colgué, y continue con lo que estaba haciendo, volverá a llamar cuando encuentre cobertura, pensé.

A los diez minutos volvió a sonar el teléfono, esta vez era el fijo y la llamada era de mi hermana. Oye -me dijo- acaba de fallecer Flaviano. Me quede sin habla.... La llamada anterior era de José Luis que camino del pueblo me intentaba llamar.

Después de breves instantes de aturdimiento, se agolparon en mi memoria multitud de imágenes y recuerdos de Flaviano.

Cuando hace ya varios años decidí intentar poner en imágenes, el presente y de alguna manera el pasado de nuestra tierra, recurrí a Flaviano, gran conocedor de la comarca, lector empedernido, interesado y sabedor de la historia y costumbres de esta maravillosa parte de Extremadura. Le conté mis planes y rápidamente se puso a mi disposición para lo que hiciese falta. Me entregó folios y folios que ya tenía escrito sobre estos temas, que me ayudaron enormemente para elaborar, primero el guión del documental de "La campana de Albalat" y de los que vinieron detrás, "Miravete reserva de la Biosfera" , "Caminos Naturales"...

Fueron días de mucho ajetreo, fue mi guía, me enseñó casi todos los recovecos y caminos de la Campana de Albalat. Me presentó a gente interesante que también me aporto mucha documentación.

Me acompañó a lugares en los que no había estado nunca, y si había estado, me habían pasado inadvertidos cantidad de detalles.

Los májanos del rincón, El solombrón, El bodegón, La cueva del tio republicano, la casa de postas, los fuertes de Miravete, La dehesa de la higuera, El molino de la carrera, La ribera, El cerro del tesoro... Me enseñó puentes, calzadas y una alcantarilla romana que todavía se conserva en una parte de la cañada. 

El me contó historias y chascarrillos de Miravete, de Romangordo, de la Higuera, de cuando el hambre apretaba.

Flaviano era un sabio, un sabio de pueblo, instruido y muy leído, era un filósofo, con un sentido positivo y alegre de la vida.

Le acompañé a sacar corcho y a castrar colmenas, en la matanza, en la recolección...que luego se plasmaron en imágenes.

Y lo que es mejor me enseñó a valorar, a querer y a amar mucho más a esta tierra nuestra, a nuestra patria chica.

En los últimos años cuando ya la edad pudo con él y no podía moverse con la soltura que tenía antes, me aconsejaba y me orientaba.
Me dejó unos folios que estaba escribiendo sobre la vida agraria de la campana de Albalat, que quizás algún día pongamos en imágenes.

Ayer por la mañana después de desayunar, se sentó en la sala de estar de la residencia de Romangordo para ver la televisión, y sin ruido, sin molestar a nadie, se nos fue. Tenía 86 años.

Flaviano descansa en paz, Y gracias por todo.