Pregón de Fiestas 2014 por Sofía Ramos

01.09.2014 14:25

Cuando me pidieron que escribiese este pregón, me dijeron que debía hablar de lo que “significaba para mí el pueblo”. Pero he tenido una idea mejor, y me apetece hablar de lo que significa el pueblo para cada uno de los que hoy estamos aquí, en esta plaza que se viste, año tras año, de nuestras ganas de ser felices. Así que hoy suena mi voz, pero hablamos todos.

Voy a empezar hablando de los más pequeños, ellos son el futuro de Miravete, son la pieza más importante de puzle y nunca paran quietos. Y es que el verano en el pueblo cuando eres un niño es uno de los regalos más valiosos que nos hace la vida, no sólo por la diversión y la libertad que brinda el pueblo, sino por la posibilidad de disfrutar de aquellos seres grandiosos responsables de que hoy todo esto sea nuestro: Los abuelos. El verano de los niños en el pueblo sería imposible sin ellos.  Todos nuestros veranos hubieran sido imposibles sin ellos.

Es tan bonito crecer año a año entre estas calles, saborear el paso del tiempo de esa forma tan dulce en la que se vive los primeros años. Comprobar como un año, porque sí, de pronto ya te dejan quedarte solo en la plaza, ¡pero sin salirse de la plaza! Y al siguiente año tienes permiso para explorar las calles del pueblo en busca de lagartijas, eso sí, “ni se te ocurra separarte de los primos”. Por arte de magia, te dejan subir solo a la piscina, montar en bici por el rodeo o pasear por el revuelo con tus amigos. Y te sientes tan libre… Y así, cada verano, el pueblo se llena de exploradores, historiadores, futbolistas, bailarinas, sirenas, ciclistas, princesas, cazadores de insectos, cantantes, aventureros… todos ellos desperdigados por cada rincón de este lugar. Cada vez son más, vienen para llenarlo todo de vida, para convertirlo todo en un juego y arrastrarnos a los demás. Así que chicos, por favor, no tengáis prisa en crecer, porque un día vais a abrir los ojos, y vais a tener quince años.

 ¿Pero sabéis qué? Que una de las cosas más bonitas del pueblo es que cada año descubres cosas nuevas, cada año consigue sorprenderte, ilusionarte y hacerte feliz de forma diferente. Aquellos que cazaban insectos y los guardaban en botes de cristal para torturarlos, ahora se echan la colonia de su padre y aquellas que jugaban a ser princesas a pie de plaza, han cambiado los vestidos por faldas cortas. Las calles del pueblo ya no guardan misterios como antes, las noches no tienen horario y lo verdaderamente divertido es consumir horas y horas a la luz de la luna entre risas, cotilleos y las primeras copas de alcohol.

Los años siguen sumando veranos y un día sin más te ves con todos tu amigos, aquellos mismos con los que jugabas al escondite alrededor de la plaza, tomando cañas en la terraza del bar. Y les miras, y en el fondo sabes que les ves tres veces al año, pero les quieres tanto, has vivido tantos momentos a su lado, que ya son parte de tu familia. Algunos están, otros no han podido escaparse del trabajo y otros, simplemente, han preferido irse a la playa. Pero no pasa nada porque siempre habrá alguien dispuesto a invitarte a una copa, aunque no lleve toda la vida contigo, no importa, está ahí en ese momento, y de alguna forma, está haciendo tu verano especial. Y así pasan los años, rápido, cada vez más rápido.

Y de pronto y sin que nadie lo imaginara, ya no eres tú solo en el juego de tu vida. El pueblo se llena de niños, y está vez, no son tus amigos, esta vez, son tus hijos. Las noches que se perdían entre botellines ya no son tan largas, empiezas a descubrir la belleza que se dibuja en las calles durante las primeras horas de la mañana, las horas en la piscina se multiplican, y tu sueldo, casi sin darte cuenta, acaba invertido en chucherías. Y a pesar de todo, cada año buscas cualquier excusa para escaparte al pueblo, para lograr que los pequeños disfruten lo máximo posible, para verles disfrutar como, no hace tanto tiempo, hiciste tú.

Y por último, y no por eso menos importante, esta esa singular etapa de la vida, en la que te has convertido en héroe. Ellos son capaces de hacer cosas increíbles. En su poder está la receta de los mejores bocadillos para la merienda de la historia, y aunque te presentes por sorpresa a la hora de comer, por arte de magia tienen comida de sobra para toda la familia. Son capaces de solucionar cualquier problema, desde un pantalón roto hasta una rueda desinflada. Si quieres ir a ver las estrellas, te llevan, si quieres subir a la piscina, ellos sacan sus bañadores del fondo del cajón, y suben contigo a la piscina. Ellos tienen la capacidad de hacerte la vida tremendamente fácil tengas la edad que tengas. Representan la tranquilidad y la sabiduría de nuestra historia. Ellos son los abuelos, y aunque hoy más de uno tenga que mirar al cielo, que nadie se vaya a dormir sin haberles dado las GRACIAS.

Y así, año tras año, se van dibujando veranos unos detrás de otros, cada uno con su peculiaridad y su magia. Sin embargo, hay cosas que no se agotan con la edad, y a pesar de ello, nunca llegas cansarte de sentirlas. Me vais a entender cuando os hable del juego de colores que se dibuja en el horizonte cada anochecer, o de la sonrisa satisfactoria que surge cuando logras alcanzar la cima la montaña más alta jamás escalada, cruzando así, la puerta de la piscina cada día. Pagar tu entrada, tirar la toalla e inmediatamente, dejarte abrazar por el agua helada. La orquesta de voces y risas conocidas que se entremezclan unas con otras dando lugar a la canción más bonita del verano. La ilusión de ver una estrella fugaz, o de identificar las constelaciones en el cielo, durante el paseo hacia el rodeo. Las eternas noches en las que la música retumba hasta las seis de la mañana, y aun así, nunca es suficiente. Sentir que sin ti, este lugar no sería lo mismo. Y es que todos y cada uno de los que hoy estamos aquí, aportamos algo diferente. Entre todos logramos reunir los ingredientes necesarios para hacerlo tan bonito. Este tesoro tan inmenso es nuestro, y debemos cuidarlo. Porque estos niños merecen vivir lo mismo que vivieron sus padres y sus abuelos, y merecen poder ofrecer a sus hijos, algún día, lo mismo que vivieron ellos.

Cuando me pidieron que escribiese este pregón, me dijeron que debía hablar de lo que “significaba para mí el pueblo”. Yo he preferido hablar de lo que significaba el pueblo para todos nosotros, y aunque sea un poquito, espero haber acertado. Pero antes de terminar, creo que ya sé lo que significa el pueblo para mí, para mí, Miravete, es la calidad humana y la belleza de su gente, de todos vosotros.

Empiezan las fiestas del 2014, y quiero que todos, pase lo que pase, y tengáis la edad que tengáis, os vistáis con vuestra mejor sonrisa y disfrutéis al máximo. ¡Felices fiestas y feliz vida Miraveteños! Gracias. 

 

Sofía Ramos Grande